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Educación y animación:
apuestas y perspectivas*
Intervention de Jean-Claude GILLET à Medellin en
Colombie
au Séminaire réalisé les 23 et 24 Juillet 2003 "Metodologias de educacion y
animacion socio cultural con poblacion vulnerada"
Jean-Claude GILLET
Profesor Ciencias de la Educación
Universidad Michel de Montaigne
Bordeaux - Francia
La
conferencia que me proponen para la apertura de este seminario está, de
entrada, marcada por el signo de la paradoja. En efecto, ella me pone de
referencia a la vez múltiples disciplinas (historia, sociología, ciencias de
la educación, ciencias políticas, etc) y al mismo tiempo estoy exigido por
la duración de la exposición (una hora y media) y la naturaleza del
público aquí presente, que no está claramente familiarizado con las
sutilezas de esta especialidad bien francesa, que hemos llamado desde sus
inicios “Animación sociocultural”.
Esta « especialidad » al igual que un plato de cocina local, puede ser
nombrada así porque ella está ligada a la Historia de la Revolución francesa
y antes de iniciar con las perspectivas que se desarrollarán más tarde,
debemos recordar, como lo escribe E. Durkheim, que “el futuro no se
improvisa, no podemos construirlo con los dispositivos que conservamos del
pasado”. Es la historia de la Educación Popular en Francia que va imponerse
en la presente evocación. ¿De cuál historia se trata? ¿Cómo se propagó en
Francia y más allá de ella? ¿Cómo pasamos de la Educación Popular a la
Animación Sociocultural? ¿Debemos hablar de una ruptura o de una continuidad
entre Animación Sociocultural y Educación Popular? Vamos a intentar
respondernos.
Francia
revolucionaria y el modelo republicano
El
texto presentado por el marqués de Condorcet, diputado en la Convención de
1792, refiriéndose a un proyecto de reforma de la Instrucción Pública es
considerado por muchos como el texto fundador de la Educación Popular,
aunque él se limita a la instrucción que no podemos confundir hoy con el
campo más vasto de la Educación Popular. Es en todo caso a este autor,
convencido del desarrollo infinito de las ciencias, que debemos esta opinión
según la cual el progreso intelectual y moral de la humanidad podía estar
asegurado por el hecho mismo de instruirse, es decir, como lo explica un
diccionario reciente de francés “seguir una enseñanza y adquirir
conocimientos”.
Podemos decir después de todo
que Condorcet fue doblemente triste porque de un lado estuvo prisionero en
el tiempo del Terror.
Condorcet se suicidó para evitar el cadalso y la guillotina. De otro lado,
porque el siglo XX le demostró contrariamente su deseo optimista que
asociaba progreso científico y progreso moral.
Su informe sobre “la
organización general de la instrucción pública” aclara de manera especial
los vínculos que unen hoy la animación y la educación de una forma general y
también de manera particular con el modelo democrático republicano : “él se
inscribe en la prolongación de la ideología producida por el trabajo de la
filosofía del siglo de las luces que engendró la Revolución francesa y que
aportó los principios del gobierno de la nación con los ideales de libertad,
igualdad y fraternidad” (E. Robinet, 2003).
Condorcet se pronunció sobre una
enseñanza libre, laica, gratuita, abierta para todos, pero sin que fuera
obligatoria, con la idea que una instrucción compartida combate las
desigualdades y las injusticias sociales. A todo lo largo de los siglos XIX
y XX esta orientación de la Educación Popular, para formar espíritus libres
por el acceso al conocimiento (contrario al esclavo que permanece en la
ignorancia) prolonga la filosofía de Las Luces, que afirma el predominio de
la razón sobre los dogmas, según la condición de que el hombre es capaz de
transformar el universo si se libra de los prejuicios, controlando con su
pensamiento razonado la religión, la moral y la política. Pienso aquí en los
autores de la Enciclopedia, Voltaire, Diderot, Rousseau, Montesquieu, D’
Alambert, etc.
Pero el final de la República se
cumple con la llegada de Napoleón Bonaparte y sobretodo con el segundo
Imperio que refuerza la influencia de la Iglesia católica.
La competencia entre redes :
nacimiento del proyecto de la educación popular
En 1850 una ley ( denominada
« ley Falloux » por el nombre de su autor, uno de los jefes del partido
católico liberal, Ministro de instrucción pública entre 1848 y 1849) da a la
Iglesia un rol mayor en el funcionamiento de la enseñanza. “ Los sacerdotes
controlan a los maestros que dependen de la Iglesia; la progresión de las
escuelas de congregaciones y el número de religiosos que tienen actividades
pedagógicas (...) es considerable” (J.-P. Augustin et J.-C. Gillet, 2000).
La caída de Sedán y la Comuna de
París (1870 y 1871) acentúan las tensiones políticas, y los republicanos,
después de una década incierta, buscan con las leyes de 1882 sobre la
enseñanza, de 1901 sobre las asociaciones y corporaciones y de 1905 sobre la
separación de la iglesia y del Estado, a frenar el imperio de la Iglesia con
el propósito de consolidar la República. Ciertas leyes inspiradas por los
radicales
tuvieron como consecuencia indirecta la creación de una nueva generación de
obras parroquiales que intentaron preservar a la escuela de su laicización,
que distanciaba la escuela de la influencia católica.
Como la instrucción pública es
presentada y aceptada como una necesidad y una obligación, la educación
popular y los jóvenes se convierten en una apuesta política y poco a poco,
se van creando numerosas organizaciones alrededor de la Iglesia y de la
escuela, dentro de una competencia y una tensión, que termina únicamente
en la mitad del siglo XX.
Tres procesos se desarrollan poco
a poco. El primero es la obediencia católica, por ejemplo, en torno de Los
Círculos obreros para moralizar a los jóvenes después de la Comuna de París.
La publicación de la Encíclica Rerum Novarum en 1891, condenando todo, el
liberalismo económico y el socialismo, y promoviendo reformas, va también a
crear tensiones en los medios católicos, entre conservadores y liberales. El
segundo proceso es el de la obediencia laica , organizado desde 1866 en
torno de la Liga de la enseñanza, fundada por Jean Macé, que, aunque
católico, desea “que el país se cubra de un conjunto de asociaciones y
organizaciones republicanas que abran vía a la civilización”. Numerosas
obras sociales se crearon teniendo como trampolín a la escuela pública ,
obras que se inscribían en un proyecto de educación popular que sobrepasa
el campo cerrado de la escuela, para abrirse al exterior. Finalmente un
tercer proceso socialista ( también con conflictos internos ligados a la
historia de los partidos socialista y comunista) se constituyó en oposición
a la iglesia y también frente a los republicanos laicos y notables. La
estructuración de los partidos y sindicatos, la dirección de los municipios
en las periferias obreras refuerzan esta corriente durante toda la primera
mitad del siglo XX. Para estos últimos, democratizando la cultura, se
asegura también el funcionamiento sostenible de la democracia política.
Asistimos entonces, por primera
vez en la historia, a múltiples iniciativas de la sociedad civil que
proponen y desarrollan proyectos educativos alternativos que se identifican
con estas tres tensiones ideológicas mayores del país. Son organizaciones
nacionales que tienen una voluntad de movilización de masas, que buscan
obtener el máximo de influencia posible sobre la dirección de la sociedad:
las organizaciones que asocian se distribuyen en todo el territorio,
dividiéndolo en cuadrículas y proponiendo prácticas de movilización y de
representación social.
Las técnicas de influencia
accionadas por estos sistemas presentan un carácter global que muestra su
función de universalidad. Favorecen la confluencia en los patronatos y
movimientos laicos, católicos y socialistas pero actúan en la sociedad bajo
diferentes formas. Es sobre todo una acción social de calle, barrial, de
base territorial que crea centros de amistad, bibliotecas, asociaciones
familiares, y la difusión de prensa representativa al nivel nacional. Esto
es seguido de la consolidación de agrupaciones que se encierran en los
vínculos de sus militantes y refuerzan su influencia mediante técnicas de
propaganda ( desfiles, peregrinaciones, protestas y manifestaciones,
fiestas) y mediante la utilización de rituales minuciosos, colores, himnos,
uniformes, es decir por un universo simbólico. Es la elaboración progresiva
de doctrinas coherentes, sostenidas por sistemas de pensamiento como el
personalismo cristiano, el racionalismo y el marxismo que proponen la
realización de un tipo humano abstracto y identificado con cada sistema de
pensamiento: el cristiano, el ciudadano y el militante
Cada una de estas redes funciona
a partir de la beneficencia y del voluntariado: los actores intervienen por
fuera del tiempo de trabajo y en función de sus disponibilidades de capital
cultural y de posición social.
Se desarrollaron los patronatos y
las colonias de vacaciones, luego entre las dos guerras, se dieron los
movimientos de jóvenes, los boy-scout, los albergues juveniles, aparecen los
primeros grupos de teatro y los cine clubes. Hay que precisar aquí que toda
esta efervescencia debe relacionarse con los hechos y procesos mundiales: la
crisis económica de 1929 que rompió con muchas de las certezas sociales, la
revolución rusa, luego la guerra española, la llegada del nazismo y del
fascismo que provocan a su vez el pacifismo de un lado y el
internacionalismo del otro lado, la aparición de los frentes populares en
Francia y en España. En Francia se creó el subsecretariado estatal de los
deportes y la recreación con Léo-Lagrange. Las prácticas juveniles comienzan
a ser preocupación del Estado. Las primeras subvenciones fueron atribuidas a
las asociaciones y organizaciones y fue creado el primer diploma de
deportes, titulado Certificado Deportivo Popular.
Esta explosión no es solamente
política, social o ideológica, sino también cultural: después del dadaísmo,
llegó el surrealismo con Aragon, André Breton, Paul Eluard, Benjamín Peret y
también con Dalí y Picasso, para citar solamente los más comunes.
Pero esta historia no debe
ocultarnos los conflictos que aparecen en torno a la definición y lo que
debería ser la Educación Popular. Veamoslo de más cerca.
¿De qué hablamos cuando hablamos
de Educación Popular?
Mientras la escuela está
encargada de la instrucción pública, las tres redes a las que nos hemos
referido, proponen una formación integral para la vida real, concreta y
total del joven. Estos proyectos se sitúan en la prolongación de las
ambiciones educativas de los filántropos burgueses o de los eclesiásticos al
comienzo del siglo y también en las propuestas higienistas de los médicos.
En este entrecruce, la familia se encuentra desposeída de su rol educativo
tradicional y deben confiar los niños y los jóvenes a nuevas
organizaciones ; éstas, debido a una meticulosa distribución institucional
de las ciudades, se proponen extender su acción y buscar la participación
de los jóvenes en este entrecruce de ofertas y apuestas.
La Educación Popular puede ser
definida a partir de un desarrollo voluntario, un acto, una acción, que
permite a los individuos acceder a los conocimientos, a una cultura y a una
función en la sociedad. Cada uno debe disponer de las herramientas y los
medios para comprender esta sociedad ; cada quien debe convertirse en
ciudadano y ocupar su lugar en el espacio republicano. Es así el principio
enunciado en la Declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano en el
artículo 6 : « Todos los ciudadanos, siendo todos iguales entre ellos, son
también igualmente admisibles en todos los cargos , puestos y empleos
públicos, según su capacidad y sin otra distinción que aquella que otorgan
sus virtudes y talentos ».
Esto nos da el sentido de la
palabra educación, pero el término popular permanece ambiguo : de un lado,
porque las capas más populares de la sociedad no han sido las vanguardistas
ni las dinamizadoras de los movimientos de educación popular. Los vínculos
más fuertes no se daban con la clase obrera : son a menudo burgueses
ilustrados, líderes que representaban la aristocracia obrera, algunos
profesores e intelectuales que fueron los organizadores de este movimiento.
Es por esta razón que algunos
resumen el ámbito de la Educación Popular dentro de un proyecto de
integración de los excluidos del conocimiento al sistema dominante y no como
un proyecto de protesta contra la sociedad. Ellos prefieren la noción de
« cultura popular » considerando que el pueblo desarrolla una cultura
específica, en relación con una cultura que les resulta extraña, la de la
élite intelectual y la burguesía. El concepto de lucha de clases va entonces
a atravesar y a dividir a los seguidores de la Educación Popular.
Finalmente, debemos insistir que
si todos estos actores pudieron organizarse, fue gracias a la existencia de
la ley sobre las asociaciones y organizaciones sin la cual no hubiera sido
posible un desarrollo como el que se dio. 800.000 asociaciones registradas,
con cerca de 11 millones de militantes, voluntarios y benefactores, más de
20 millones de socios (entre 60 millones de habitantes). Estas metas no
hubieran sido logradas en Francia en el 2003, sin esta ley republicana
llamada « ley 1901 » por el año en que fue aprobada.
La ley de organizaciones y
asociaciones : una bella oportunidad
Durante mucho tiempo, la
República trató con desconfianza el hecho asociativo y valoró mucho más la
relación particular, en nombre de la igualdad, entre el Ciudadano y el
Estado, representando éste el interés general. No se pueden comprender estas
dudas sin hacer referencia al pensamiento político y a las obras de
Jean-Jacques Rousseau, particularmente al Contrato social que
fue libertario y anárquico para la época, donde exaltó fundamentalmente la
libertad del individuo. Es el conjunto de los ciudadanos reunidos lo que
funda la soberanía popular, que llega hasta la aprobación de los impuestos.
Pero afirma de manera correlativa una exigencia política particular : para
Rousseau son solamente los territorios reducidos (pequeños estados y
ciudades) los que pueden permitir el ejercicio de la virtud de los
ciudadanos. El trabajo político no se divide, y rechaza la delegación del
poder, muy cerca en esto del pensamiento de G. Babeuf
que dice que el ciudadano exige un mandato imperativo y la revocatoria para
todos los representantes del pueblo.
Rousseau fue también un pesimista
cuando escribió: « La democracia es el acto de un pueblo de ángeles »
(citado por Althusser en 1967). En consecuencia, para conciliar lo
irreconciliable, es decir la libertad del individuo con las exigencias de la
vida en sociedad « interesa entonces, para tener presente el enunciado de la
voluntad general, que no haya sociedad parcial dentro del Estado, y que
cada ciudadano solamente opine por sí mismo » (J-J Rousseau, 1869). Todo
grupo particular es considerado pernicioso y la Democracia tiende a
reducirse en la expresión de una República ilusoria donde se rechaza todo
grupo intermediario que considera productor de desorden.
Este principio político se
refuerza dentro de una exigencia afectiva, una fuerte nostalgia de la
transparencia de la comunión entre individuos, de su armonía universal y de
una exigencia moral, la virtud de la unión. Su república democrática supone
implícitamente la unanimidad ignorante de la lucha y los conflictos.
La Revolución francesa se inspira
en Rousseau y rechaza toda agrupación y asociación; los republicanos temen
también el regreso de las corporaciones, muy vivas bajo la monarquía, y la
aparición de las primeras organizaciones obreras nacientes. Toda coalición
es percibida como una fractura dentro de la única asociación soberana
reconocida: la Nación . Es un obstáculo para la expresión del interés
general.
Habrá que esperar más de un siglo
para que la propuesta de ley de Waldeck- Rousseau, un republicano moderado,
sea adoptada con el nombre de «Ley del primero de julio de 1901 relativa al
contrato de asociación ». Esta ley pone el ejercicio de una solidaridad
intermedia que favorece la educación de los ciudadanos libres, concientes y
responsables que confluyen en un acercamiento individual y en una relación
societal : « Cada uno es libre de asociarse, de no asociarse y de no
asosiarse más » (J.C. Gillet, 2001).
Al cabo de esta batalla
ideológica de antes, la asociación se volvió definitiva para desencadenar
mediaciones entre el ciudadano y el Estado : « La asociación, afirma
Waldeck-Rousseau, enseña a los hombres a ayudarse, a conocerse, y substituye
el egoísmo individual para proponer la ley fecunda de la fraternidad ». Sin
esta ley, ni la educación popular ni la animación sociocultural habrían
tenido tanto éxito : he aquí un bello ejemplo de una ley republicana que
favorece la expresión ciudadana.
La vida asociativa permite un
aprendizaje de la ayuda recíproca, el reconocimiento mutuo entre personas,
la búsqueda de la solidaridad. Ella funda una moral que rechaza el
individualismo egoísta, es esto la « res publica » , la cosa pública
que releva la educación, una toma de conciencia ( que viene del latin
cum-scire, es decir saber con los otros , saber compartido) permitiendo
el desarrollo del juicio personal. A la inversa, el hombre inconsciente es
aquel que es incapaz de tener un juicio autónomo. Si esta educación puede
hacerse en una institución obligatoria, la escuela, puede también realizarse
en una organización voluntaria, la asociación ( también en Consejos
municipales o locales de jóvenes, como existen hoy en día en Francia).
En definitiva, y sin que por esto
se quiera favorecer un imperialismo cultural francés, hay que reconocer que
estas ideas nuevas traspasaron las fronteras. La Revolución francesa y
sobretodo el Imperio de Napoleón portaron los ideales de la Revolución a
través de sus banderas que atravesaron Europa, sembrando al mismo tiempo la
guerra, el saqueo y la desolación, y, paradójicamente, mientras se promovía
el Código Civil y la Declaración de los derechos del hombre. Fue con estos
mismo ideales que más tarde Francia construyó un imperio colonial. Pero los
intelectuales desde Víctor Hugo hasta Emilio Zola, tuvieron mas éxito que
las expediciones guerreras, para propagar los ideales de la República, mucho
más allá de los océanos como pasó con San Martín y Bolívar al igual que con
Sucre y Zapata, todos ellos supieron mezclar esta influencias republicanas
con sus tradiciones populares locales específicas.
En
España, X Ucar (1992) nos indicó : « La animación sociocultural aparece en
España en la década de los sesenta. Llega de Europa, fundamentalmente de
Francia, aunque viene a recoger una cierta tradición anterior basada sobre
todo en la educación de adultos y la cultura popular... En el Estado
español, desde el siglo XVIII y, sobre todo, a lo largo del S. XIX y del XX
hasta la guerra civil, hay una tradición intermitente de realizaciones en el
campo de la educación de los adultos y de la cultura popular ”. Cita por
ejemplo las Sociedades Económicas de Amigos del País, los Ateneos obreros,
las Casas del pueblo y las Universidades Populares que funcionaron hasta
1939 y que pretendían la culturalización del pueblo
.
La mejor
prueba de este origen aparece con las nociones de educación popular que
acabamos de ver y con la noción de animación sociocultural, que vamos a
precisar después, con otras denominaciones que vamos también a intentar
comprender
Denominaciones cercanas a Educación Popular y Animación Sociocultural
Comencemos por la gestión cultural que puede titularse también la
gestión de la acción cultural. Es la acción a través de la cual los
profesionales de la cultura se convierten en verdaderos impulsores y
gestores que, al servicio de una colectividad política territorial
(municipio, región) o de una empresa privada (comercial o no) desarrolla la
difusión de los autores y de los objetos legítimamente reconocidos por las
instituciones culturales. Estos actores del campo cultural se proponen
hacer descubrir al público una relación esencialmente de prestación de
servicios en una relación en la cual el producto es el centro de la relación
entre el creador y el consumidor. Al contrario de la Animación
Sociocultural que busca poner al centro de su acción la promoción de
grupos de población de las comunidades , con un propósito de transformación
social y en interacción con otros grupos o comunidades que componen la
sociedad.
Es cierto
que hoy las apuestas culturales y políticas se confunden: los decisores
políticos han comprendido las ventajas que pueden aprovechar de la
valorización cultural de un territorio mediante la organización de
festivales, la promoción del turismo patrimonial, arquitectónico o
ecológico. En resumen, “ según la concepción o enfoque, subyacente o expreso
(en los aspectos ideológicos, políticos o pedagógicos), las acciones
culturales pueden tener como objetivo la democratización cultural que se
logra mediante la difusión de los beneficios de la cultura al conjunto de la
población, o bien apuntar hacia la democracia cultural, cuyo fin es el de
asegurar que cada uno (individuo, grupo o comunidad) disponga de los
instrumentos necesarios para que, con libertad, responsabilidad y autonomía,
pueda desarrollar su vida cultural ” (E. Ander-Egg, 1996).
La
acción comunitaria es una forma de organización colectiva que es a
veces una alternativa a la acción del servicio social individualizado (en
torno del famoso modelo profesional llamado case-work), con la figura
bastante conocida en casi todo el mundo entero del asistente de
servicio social, que además es casi exclusivamente una asistente.
Esta acción comunitaria se apoya en los recursos humanos de una comunidad
(étnica, lingüística, cultural, religiosa o territorial únicamente)
orientada a la movilización para el desarrollo de un territorio o de un
grupo para responder a las necesidades y exigencias que allí se expresan.
Esto puede llevar a situaciones conflictivas con diversas autoridades
(administrativas, políticas), pero también puede conducir hacia proyectos
comunes concertados entre todos los actores. La acción comunitaria puede
cambiar en comunitarismo, cuando toma la forma de una afirmación integrista,
o por la intolerancia de su identidad : ella puede entonces poner en peligro
el vínculo y la comunicación con los otros grupos constitutivos de una
sociedad, de un pueblo, de una nación.
En
Francia, es poco utilizada la noción de comunidad : esto es
resultado de una concepción fundamentalmente centralista de la República al
servicio del interés general, sin reconocer la legitimidad de las
particularidades (llamados en este caso particularismos). Esta situación es
diferente en la mayoría de los Países nórdicos, anglosajones y en América
latina donde frecuentemente la constitución (luego de la masacre de las
poblaciones locales por parte de los colonizadores) fue el resultado de una
integración de grupos a partir de los restos de los pueblos indígenas, de
inmigrantes de origen europeo, africano o asiático, afirmándose a la vez, a
la cultura del país que los recibía, y a la de su propio país de origen,
viviendo así de esta manera una identidad compartida, un mestizaje.
La
promoción cultural, significa “ …el progreso en
el enrequecimento y profundización de su espíritu al enfrentar su vida
ordinaria, que se traduce en una mayor voluntariedad y dominio- reflejado
este en unas cotas más altas de autonomía, confianza y acierto- en su
aplicación a la acción” (Herreros/De Diego, 1980). Estamos aquí frente a un
punto de vista antropológico de la cultura orientado a valorar la cultura
viva, expresión de la vida cotidiana de los individuos, y no un punto de
vista elitista de la cultura, reducida únicamente a una adquisición
intelectual y patrimonial.
La
pedagogía social, expresión poco utilizada en
Francia, es definida por Colom (1987) de la manera siguiente : « …el
objeto de la pedagogía social no sería, exclusivamente, conocer la realidad
educativa-social, sino transformarla, interviniendo en ella a través de
presupuestos y estrategias de tipo educativo, para la consecución de
objetivos pedagógicos o sociales que supongan o hayan supuesto, un cambio o
una modificación en el comportamiento de los individuos (aprendizaje en
definitiva de conductas)”. Podríamos decir a partir de esta definición que
la Animación Sociocultural es una Pedagogía social , porque ella pone de
relieve una praxis, es decir, una dialéctica, una puesta en tensión de dos
lógicas diferentes, la del pensamiento y la de la acción, de la teoría y de
la práctica, del saber y del hacer, contruyendo, por ejemplo, modelos de
acción de acuerdo con los actores en el campo de trabajo, profesionales de
la Animación o militantes de la educación popular, con la condición que se
conviertan en operadores reflexivos.
La educación social
es también una noción muy poco o casi nada utilizada en Francia. Se prefiere
mejor la integración o mejor aún la inserción social para las categorías
más jóvenes de la población. Según E. Ander-Egg (1996) « la educación
social (como parte de la pedagogía social) comporta una serie de ámbitos de
intervención, casi todos ellos comunes en el trabajo social: inadaptación y
marginación social, prevención socioeducativa de la marginación, prevención
y tratamiento de toxicomanías, educación para el tiempo libre, educación
para la tercera edad, educación cívica, educación para la paz, educación de
adultos, animación sociocultural, etc”.
Cada uno debe tomar conciencia
aquí de la relatividad de las definiciones propuestas y del movimiento que
ellas sugieren . Estas dificultades se deben a la historia de cada país y a
la historia de cada autor (sus orientaciones ideológicas, científicas,
teóricas, disciplinares, etc). Como lo explica X. Ucar (1992), « soy
consciente de que…no se resolverá el problema inventando otros nombres que o
bien designarán otras realidades diferentes o incluso más específicas, o
bien contribuirán a indefinir o confundir todavía más un panorama, ya ahora
suficientemente problemático”.
Este recorrido conceptual y
pedagógico nos llevará más específicamente a la educación popular y a la
Animación Sociocultural.
La Educación Popular prueba
su gestión
Después
de la segunda guerra mundial, se refuerza la intervención del Estado en
todos los sectores que reclaman la necesaria reconstrucción de Francia. Los
diferentes segmentos administrativos de ese Estado son objeto de presiones y
demandas de parte de organizaciones de jóvenes y de educación popular. La
maquina revienta y poco a poco la oferta pública es subtituída por la oferta
privada y ese sistema funciona a pleno rendimiento para hacer frente al
aumento poblacional de los jóvenes y la fuerte urbanización del período
1962-1974.
Lo que
constituye “sistema” en este conjunto, es la participación de redes civiles
en su desarrollo y la fuerte presencia del Estado y de las colectividades
territoriales. La novedad llega con la planificación de los
equipamientos en todas las zonas urbanas en construcción.
Desde 1958 con la llegada a la presidencia del general De Gaulle, fueron
miles de equipamientos urbanos construidos al mismo tiempo que las
edificaciones para alojar a las personas procedentes de casas de periferia
destruidas poco a poco y para los inmigrantes que vinieron como obreros en
la Francia industrial, a la alta tasa de natalidad y crecimiento y también a
los “pies-negros” que eran los franceses repatriados de Algeria después de
la guerra con esta colonia o después de la independencia algeriana, donde
fue necesario construir equipamientos urbanos escolares, deportivos,
culturales y sociales.
Las
federaciones de Educación popular participaron, a través de sus militantes
de base en los procedimientos técnicos de encuestas y censos, análisis del
entorno, a los procesos a seguir, de manera que favorecieran la
construcción de los equipamientos urbanos definidos por las municipalidades.
Se creó el Alto Comité de la Juventud y los movimientos aceptan poco a poco
las propuestas del Estado que les ofrece la plena gestión de muchos de los
equipamientos construidos. Esta tendencia favorece una lógica profesional
al interior de las estructuras sociales y culturales, contrario a la antigua
lógica de militancia que tenía su principal acción en el espacio público,
fundamentalmente en la calle. Este período se ha caracterizado como el
“tiempo de la cogestión” entre las federaciones de juventud y de
educación popular de una parte y del Estado por otra parte.
Es
entonces cuando va a aparecer poco a poco, el nuevo cuerpo de profesionales
llamados “Animadores” que reemplazaron a los benefactores y a
los militantes (aunque ellos mismos son militantes y voluntarios que su
pasión les permite realizar un oficio). Entre 1964 y 1998, van
a aparecer diferentes formaciones, diplomas, una convención colectiva de
trabajo, un estamento administrativo entre el cuerpo de funcionarios de las
colectividades territoriales, un estamento en el sector hospitalario, etc.
Es aquí
donde se debe estar atento al surgimiento de la Animación Sociocultural de
la cual vamos a explorar todas las interpretaciones posibles, así como
reposicionamiento, aunque difícil, de las Federaciones de Educación Popular.
Múltiples interpretaciones sobre el surgimiento de la Animación
Sociocultural
Poco
importa el origen preciso de este término. ¿Hay que ver allí una inspiración
cristiana o una laica? ¿Una iniciativa de universitarios o de activistas
sobre terreno? Nadie podría afirmar una u otra cosa. En cuanto a expresar
una definición de la Animación sociocultural, el título del primer capítulo
de mi primer libro se titulaba justamente “la definición que no se puede
encontrar” (Gillet, 1995).
Se sabe
más precisamente, sin embargo, que los primeros profesionales de la
Animación Sociocultural aparecieron a finales de los años cincuenta y al
comienzo de los años sesenta y que una estimación del Ministerio de Juventud
y Deportes anunció el número de 5.000 en 1965. En el año 2000, el número de
profesionales de la Animación (sea ella sociocultural, social,
socioeducativa, turística, cultural, deportiva, etc) fue estimado entre
150.000 y 200.000 con contratos a término indefinido y de tiempo completo o
con cargo como funcionarios de organismos territoriales como los municipios.
Cerca del 60% reciben salario del sector privado asociativo y el 40% del
sector público. A estas cantidades debe agregarse un número equivalente de
animadores por contratos específicos y los enganchados en períodos de
estaciones y vacaciones, es decir con un status mas o menos precario (J.-P.
Augustin et J.-C. Gillet, 2000). El INSEE ( Instituto Nacional de
Estadística y Estudios Económicos) confirma que la profesión de los
Animadores es una de las más dinámicas en su desarrollo debido a un
crecimiento del 93% entre los censos de 1990 y 1999
Es
realista considerar que todo un conjunto de factores influyeron el
surgimiento de los animadores socioculturales y que éstos han penetrado
diferentes campos de acción en Francia (por fuera del Ejército y de la
Educación nacional). Recordemos que la animación sería históricamente el
resultado de la conjunción de la interacción entre una militancia y una
política de izquierda, que dio cuerpo por la puesta en práctica de
realizaciones y medios específicos, que correspondían al mismo tiempo, al
paso de una concepción cerrada de cultura a una opción más abierta,
orientada a una mejor comprensión y movilización de la sociedad por los
mismos individuos, hacia la emancipación colectiva ( en oposición, como lo
expresamos antes, a una acción cultural orientada hacia las actividades
artísticas ocupacionales o hacia los nuevos contenidos estéticos, en
competencia comercial con el sector privado lucrativo. Se encontraba cada
vez mas integrada en los entrecruces y apuestas dominados por el campo
político local, tendiente a la promoción cultural en una política de
comunicación y de imagen de marca, donde el mercadeo cultural y el mercadeo
político estaban a menudo estrechamente implicados).
Podemos
comprender también a la Animación como un fenómeno correspondiente con el
fuerte crecimiento de las Civilizaciones del ocio y el tiempo libre, para
retomar los términos desarrollados en los años sesenta y siguientes por el
sociólogo Joffre Dumazedier (1976 et 1988), recientemente fallecido. Sus
tesis son conocidas y desarrolladas por nuevos trabajos en Brasil, Uruguay y
Argentina al rededor del concepto de recreación. Podemos pensar
también que se construyó poco a poco al lado del sistema rígido de la
Educación nacional ( a veces en competencia y muchas veces en oposición a
este sistema formal) un sistema más flexible con sus instituciones, sus
agentes, sus actividades, sus diplomas, sus formaciones, etc.
Algunas
causas más sociológicas aparecen: el desarrollo de la sociedad del consumo,
la urbanización acelerada, el aumento de la demanda de actividades de tiempo
libre, la aparición de las primeras manifestaciones de delincuencia juvenil,
las bandas juveniles y la marginalización social se manifiestan y el
surgimiento de la Animación sociocultural está ligado a la toma de
conciencia de los malestares de la civilización urbana y del ascenso de una
anomia social. La beneficencia y el voluntariado son insuficientes y tampoco
es ya útil la animación espontánea: se requiere entonces de reales
profesionales.
Es
indispensable subrayar también que la Animación sociocultural es la
revelación en Francia de la expresión de las clases medias ascendentes en
los años 60 y 70 por la ocupación del campo de la cultura cimentando de esta
manera su unidad: resultantes de estas clases sociales, los militantes
pertenecen frecuentemente al mundo asociativo, al sindicalismo, cuadros de
organizaciones obreras o de partidos políticos de izquierda, técnicos,
ingenieros, intelectuales, funcionarios que hicieron irrupción en el terreno
político en Mayo de 1968, después del fin del movimiento social de ese año,
llamado a veces “la revolución que faltaba” participaron en Juntas y en
comités de equipamientos culturales, sociales y educativos en los barrios
que se acababan de construir y donde se entremezclaban aún las clases medias
y las clases populares (lo que ya se ha reducido mucho hoy, debido a que
estas capas medias se convirtieron en propietarios después de la
construcción de zonas residenciales por fuera de las grandes metrópolis).
Encontraron en los equipamientos urbanos, un medio para insertarse y para
consolidar una base organizativa para afirmar su derecho de convocar (y su
derecho de ciudadano). Cuando un grupo social aparece en la historia,
frecuentemente lo hace a través de la cultura, que es un medio de
reconocimiento, de legitimación, de construcción de identidad, de una
visibilidad en el espacio social. Después en el campo político, muchos de
ellos se presentaron en listas de izquierda a las elecciones municipales de
los años setenta, preparando el terreno para la victoria de la izquierda
reformista en las elecciones presidenciales de 1981.
Para
estar completo y para señalar la importancia de comprender una de las
distinciones esenciales entre la corriente de educación popular y la de la
Animación Sociocultural (más allá de la distinción de militantes en relación
con la primera y de profesionales en la segunda), es la influencia de la
psico-sociología importada del otro lado del Atlántico en torno a las ideas
de Lewin (Dinámica de grupos) y de Rogers (la no-directividad). Varios
sociólogos franceses han continuado con sus propios trabajos la reflexión
sobre el funcionamiento de los grupos (M. Lobrot, 1979) y de las
sociedades, sobre el cuestionamiento del contenido a propósito de la
democracia, en una perspectiva frecuentemente comunista libertaria, que tuvo
influencia sobre muchas organizaciones de izquierda y de la extrema
izquierda del 68. Ella fue la fuente de reflexión para los vínculos entre
democracia política y proyectos y métodos pedagógicos, que no fue
exitosamente conducida por las federaciones de educación popular (casi
ausentes en el movimiento de mayo del 68, exceptuando algunas
reivindicaciones corporativistas) poco habituadas a una protesta interna y
externa de su autoridad.
Es en
este sentido que podemos avanzar en la idea que puede resultar paradójica
sobre la continuidad y la ruptura entre la educación Popular y la Animación
Sociocultural. Los ideales siguen siendo los mismos (más justicia social,
diálogo de saberes, democratización de la cultura, y menos desigualdades
frente a la riqueza), pero los métodos pedagógicos muestran una gran
diferencia en relación con la autoridad: los sucesos de Mayo del 68 movieron
una parte activa de movimientos juveniles estudiantiles, militantes del
izquierda, influenciados por un pensamiento de tipo anárquico,
autogestionario y anti-autoritario” . Ni Dios, Ni César, ni Tribuno” : estas
palabras de La Internacional toman una nueva fuerza y los comportamientos
autocráticos o paternalistas (del macho, del padre, del patrón, del jefe,
del consumidor y del predador de la naturaleza) son puestos en debate, de la
misma forma que las dependencias que ellos producen. La aspiración de un
cambio cultural va a encaminar una reflexión y una práctica pedagógica
orientada a la profundización de la democracia frente a los cambios
tecnológicos, económicos y demográficos que afectan las relaciones del
hombre con los objetos (en el trabajo, en el hábitat o en el espacio libre)
y también la relación entre las mismas personas.
Los
movimientos de educación popular no escaparon, atravesados también ellos por
las exigencias de los cambios socio-técnicos y socio-culturales e
ideológicos en las relaciones dentro de la misma organización y en sus
relaciones con socios , profesionales y especialmente con los grupos de
población con los que trabajaba. La Animación ha participado de esta
búsqueda de un nuevo equilibrio buscando más cooperación y facilitando
mayores intercambios colectivos. Ella se veía así mismo como portadora de
una oportunidad de innovación en la sociedad que estaba configurándose de
manera tecno-burocrática.
La
calidad de la intervención ya no estaba ligada al único factor de la
presencia bienintencionada del militante o del voluntario, en las tres
grandes tradiciones católica, laica y socialista ( sobre todo cuando estas
tres grandes instituciones entraron en crisis: la iglesia, la escuela y el
partido). El educador y su método consubstancial heredado de su filosofía de
la vocación debía ahora tomar en cuenta una pedagogía y una psico-sociología
de la educación, en torno a las prácticas y a la formación organizadas a
partir de preguntas centrales relacionadas con la autoridad: autoridad del
saber, autoridad de las instituciones, autoridad del educador, autoridad del
grupo y dentro del grupo.
La
Animación Sociocultural quiere desarrollas un ideal democrático en el cual
hay una búsqueda de relación coherente entre el método y la filosofía de la
acción propuesta: toda organización debe analizar su funcionamiento
institucional, sus estructuras, su adaptación a la acción, el poder que
ejerce en los grupos de población con los que ella construye
un proyecto y no solamente para los que realiza un trabajo.
Este proceso (llamado participativo) es un factor de toma de conciencia de
las dificultades de un funcionamiento democrático dentro de una sociedad
global o de un territorio local y, al mismo tiempo, una gran guía para este
aprendizaje difícil de la democracia, en un vínculo de dirigentes-dirigidos,
dominadores-dominados.
Por esto,
no podemos ocultar el hecho que Francia es uno de los raros países donde
existe al menos una quincena de profesiones en el campo del trabajo social:
todos mis interlocutores extranjeros se extrañan delante esta variedad
oficios, con niveles de formación y status diferentes. Esto es resultado de
una división técnica y social del trabajo que solamente puedo evocar aquí:
es así como en España el educador social corresponde un poco a lo que hace
en Francia el Animador, un educador de calle (llamado educador en prevención
especializada), un educador de un establecimiento social para niños
desadaptados o un educador para los diferentes tipos de discapacidad, un
formador en educación permanente o un educador de la protección judicial de
la juventud (que recibe menores puestos por la justicia en establecimientos
asociados al Ministerio de Justicia).
Voy a
proponerme solamente, la diferencia entre el educador especializado y el
animador.
¿Hay
un lugar común entre educación especializada y animación?
En un
escrito reciente, un estudiante preguntaba “¿Cuál es el educador que no
anima? ¿Cuál es el animador que no educa?”. Efectivamente, numerosos
comportamientos profesionales manifiestan prácticas similares: es así
que la actitud de escucha fue priorizada en primer lugar por los animadores
en una encuesta realizada en la región francesa de Aquitania (J.C. Gillet,
1989), siguiendo la tradición del trabajo social. A la inversa, hace ya
mucho tiempo que los educadores especializados utilizan técnicas artísticas
y culturales en una actividad grupal en las instituciones del sector
relacionado ( para el discapacitado físico o mental, para la reeducación, en
los establecimientos sociales para infancia desadaptada, por ejemplo). Los
Animadores no tienen entonces el monopolio de esas técnicas, incluso si
difieren los objetivos operacionales de los unos y de los otros.
Estos
parecidos y esta unidad son frecuentemente relativos, porque van a operar
diferenciaciones, causados por una serie de factores.
En primer
lugar, hay que relevar una diferencia histórica de cultura. El trabajo
social tradicional ( resultado del case-work y poco sensible a los enfoques
colectivos en Francia) puede ser asimilado a un trabajo de la reparación,
acción resultante de un deseo definido como carencia o privación, ligado a
una discapacidad o inadaptación (“mancare” en latín significa “ser
insuficiente y dio origen a la palabra “manchot” –manco-).
Este
trabajo de reparación permite a la persona involucrada, una nueva
preparación, adquisición o aprendizaje.
La
animación resalta sobre todo un trabajo de promoción (una puesta en
movimiento) de las personas y de los grupos, que ha estado en su visión
ideológica (a veces caricaturesca) hasta proponer la vía de la redención
(que consiste en comprar los esclavos para liberarlos, para el reencuentro
con la verdad realzada por la organización militante reclamada por la
educación popular). El animador se encuentra entonces en un sistema de
referencias ligado a las dinámicas, a las potencialidades, a las
capacidades de las personas (con la conciencia de diferentes grados en los
resultados esperados , teniendo en cuenta las insuficiencias o el nivel de
dificultad del sujeto).
Para un
animador, una persona discapacitada no es antes de todo un enfermo ni un
cliente, sino un actor y un ciudadano en potencia.
Estas dos
culturas, estas dos miradas del otro, estas dos representaciones diferentes
de la realidad del otro, no significan que se autoexcluyan y menos aun que
una sea superior a la otra. Las dos deberían estar en interacción, lo que
sería una solución productiva en los establecimientos involucrados en el
desarrollo de la personalidad de cada quien y la de la responsabilidad
social con los públicos: aunque las pedagogías que resulten sean
distintas. La de la animación estará fundada en la valoración de las
capacidades de cada uno, en lo que llamamos una pedagogía del logro
La
segunda diferencia tiene que ver con referencias disciplinarias: en el
educador especializado, la referencia a la cura o a la compensación, va a
privilegiar sobretodo la dimensión psicológica y psicoanalítica; en el
animador, la referencia a la promoción del actor en su medio, va a
privilegiar fundamentalmente un enfoque psico-sociológico, sociológico,
etnológico en el sentido de valorar las interacciones con el medio
(comprendidas las relaciones políticas, es decir, ciudadanas).
El
educador es situado entonces especialmente en un enfoque personal,
individual, en una relación dual. Trabaja en relación con una historia
singular, un espacio interior que tiene como hilo rojo los efectos del
pasado en el presente, en un vínculo afectivo relativamente estable. El
animador está relacionado fundamentalmente con un enfoque social, es decir
colectivo; por ejemplo, poder realizar un trabajo de relaciones dentro de la
institución (¿Cuál lugar ciudadano de los discapacitados dentro de la
institución que los acoge?, ¿Qué dimensión de integración social para un
establecimiento de personas adultas en relación con su barrio, con los
jóvenes , con los niños, con el municipio?, etc). Esta movilización sobre el
medio intrainstitucional (el adentro) se articula en el animador con las
relaciones de la esfera extra institucional (el afuera, es decir, el espacio
geográfico, social, cultural y político) Se trata de un proceso sobre una
historia colectiva que tiene como hilo rojo la elaboración para los
intereses de un proyecto de futuro con sus efectos retroactivos sobre el
presente, en el campo de los espacios internos y externos de las
instituciones ( con una integración de las nociones de tiempo y espacio).
La
tercera diferencia se ubica en el análisis de las funciones, en el contenido
del trabajo ( acentuadas voluntariamente aquí por razones pedagógicas). La
función educativa se propone favorecer la socialización, tomando como punto
de apoyo la frustración, la aceptación tolerante de la frustración, la
represión, proceso de la vida síquica normal que consiste a mantener
(sobretodo por la censura) ciertas representaciones del inconsciente para
preservar la solidez del yo ( en referencia a diferentes corrientes
heredadas del pensamiento de Freud). Este trabajo (y la palabra es aquí
utilizada en el sentido analítico) se realiza por un aprendizaje, una
reflexión, una liberación de la palabra del sujeto. La palabra, sistema de
signos, permite un trabajo de elaboración y de simbolización acompañado por
el educador. El se dedica a la búsqueda en el sujeto de un compromiso entre
el deseo y la insatisfacción de la realidad circundante. El educador es el
representante de esta realidad, jugando el rol de autoridad educativa,
participando de esta manera en la educación o reeducación del joven o del
adulto.
El
educador propone directivas, órdenes, prohibiciones, es decir, un cuadro
estructurante contenedor de límites de conflictos y violencias para que el
sujeto pase de “el o yo” a “el y yo”. Es un trabajo real de civilización
para la confrontación (deseada de manera positiva) a la Ley. El educador
representa para esto una serie de amuletos (el equipo, la institución, la
sociedad): es depositario de las leyes sociales en la confrontación entre el
sujeto y la realidad, el referente, el punto de apoyo ejerciendo una
violencia legítima y proponiendo al mismo tiempo un cuadro flexible de
juegos y relaciones posibles en los espacios de la libertad que se construye
entre lo que está autorizado y lo que es prohibido.
Permite
al otro encontrar el lugar de lo que está permitido y es posible o lo que
está prohibido y es imposible, reconocer el lugar de cada quien (referente y
punto de vista), en este entrecruce favorece la toma de conciencia del
sujeto sobre sus actos y responsabilidad progresiva, lo que se convierte en
soporte del contrato educativo.
Los
dispositivos utilizadas por el educador a través de las actividades puestas
en marcha tienen como función principal acompañar a las personas en un
trabajo de seguimiento después de las rupturas habidas (familiares,
sociales, escolares o de la vida). Estas actividades (talleres de
narraciones, de música, de artes plásticas, de cocina o actividades
deportivas) son mediadoras porque favorecen una relación educativa.
La
función de la animación, reducida equivocadamente en muchas instituciones
educativas a la lúdica, es en realidad un trabajo sobre la creatividad de
los individuos a partir de los valores de referencia como la solidaridad, el
diálogo, la libertad, la justicia social, la expresión individual y grupal
en acciones sociales y ciudadanas que dan su plena finalidad a las
actividades culturales (del deporte a la lectura, de la música a las artes
plásticas, de las actividades científicas y técnicas al teatro) para
reforzar la autonomía crítica del sujeto.
La
animación permite el aprendizaje del poder de cada quien sobre su medio,
favorece el deseo de emancipación, la construcción de una nueva historia y
de una nueva identidad para el sujeto (historicidad que resulta del cruce de
la historia biográfica y de la historia societal), la representación de otro
ambiente y de nuevas reglas del juego social e institucional (la
construcción de un imaginario social). Todo ámbito de referencia puede y
debe ser reflexionado: es esto la democracia viva por una acción de
pensamiento y representación hacia una dinámica creativa.
Podemos
tomar una imagen lingüística para comparar y hacer comprender el análisis
que estamos haciendo. El educador, en su función, trabaja la forma
(aquello que contiene) y el significante: se dedica a la contradicción
gramatical en la expresión de una lengua. Participa en los “socialmente
correcto” definido por un conjunto de normas y de reglas sociales, hace
comprensible el problema de la relación con la ley, del deseo confrontado
con esta. El animador por su parte, trabaja el fondo (el contenido) y el
significado, es decir, una relación con el imaginario y la creatividad, para
mas libertad de movimiento y de creación, hacia la eventual creación de
nuevas normas y nuevas reglas de juego.
Es en
este sentido y de una manera un poco rápida que me parece pertinente para
hablar del orden en la función educativa y del desorden (otro orden
posible) en la función de animación. Pero debe tenerse cuidado de no
desencadenar contrasentidos: toda institución, toda sociedad tiene
necesidad de orden, es decir, de un proceso educativo, con
referencia a reglas adquiridas, a la ley, a lo instituido, y de
desorden, es decir, un proceso de animación en referencia a la
instauración posible de nuevas reglas, aquello que puede instituirse. Hay
un espacio dialéctico para todo el mundo.
Al
contrario, una institución que solo fuera dominada por el modelo de
orden, se convierte en una institución que funciona según un
principio de tipo totalitario, y aquella que fuera regida por un modelo
relevante de desorden sería una estructura que funciona según
un principio de tipo anárquico donde el dejar hacer se convertiría
rápidamente en la ley bárbara del mas fuerte para la defensa de sus únicos
intereses.
Analizada
así, la animación puede ser también una función estructurante para la misma
institución, para su dinámica, sus acciones y sus actividades, puede
proponer la aparición de nuevos conflictos de roles y valores entre función
educativa y función de animación y no solamente conflictos de organización.
En la
sociología de las profesiones, la utilidad social de una de ellas, su
reconocimiento, se construye en un proceso de conquista colectiva y nunca
permanece definitivamente adquirida. Un forma precisa aparece “del dominio
de una competencia particular de la especialización funcional” (M. Crozier,
1981) y también de un conjunto de criterios complejos: la existencia de un
mercado, convenciones colectivas, un sistema de referencia de valores,
organismos profesionales, publicaciones científicas, seminarios académicos,
etc.
A menudo
la sociología americana nos propone la imagen del médico con el monopolio de
su práctica, su libertad de prescripción y su orden profesional como
referencia tipo del reconocimiento o no de una profesión que se afirma en
el espacio público. Es verdad, ella depende en parte de esto, ¿pero el
modelo de la profesión liberal está adaptado a las profesiones trabajo
cultural y social? Esto no es un paso obligado: podemos también formar la
hipótesis de que un reconocimiento es el resultado de un proceso de
legitimación de un cuerpo de profesionales que logró imponerse en una
construcción social concertada, fundado sobre una calificación reconocida
por los otros actores del campo en donde ellos intervienen. La dinámica
resaltada por los animadores franceses desde hace 40 años los convierte en
actores esenciales de este deseo de reconocimiento: es de ellos entonces
que depende su futuro.
Educadores y animadores construyen, cada uno por su parte, su propio hábeas
profesional en una división del trabajo cada vez mejor referenciada, incluso
si todo conflicto no es tramitado aquí o allá, cada uno considera que no es
reconocido a la altura de sus expectativas: esto hace parte del juego
social.
No puedo
terminar esta presentación de los educadores sin hacer referencia a un
ámbito específico que llamamos “los educadores de la calle” y que
pueden también interesar a Colombia. Ellos tienen la misma formación que
los anteriormente mencionados, pero ejercen su función en otros espacios.
El trabajo de calle
Se ejerce
a partir de organizaciones (figura jurídica considerada como la mas
favorable para la exigencia de flexibilidad, de proximidad y de adaptación
que esta intervención requiere en vez de una figura pública y administrativa
que es menos móvil, por naturaleza) que llamamos clubes y equipos de
prevención especializada, financiados por los departamentos. Así como en el
departamento de la Gironda, del cual Bordeaux es la capital, existen 10
clubes concentrados en esta ciudad y sus municipios vecinos (800.000
habitantes).
En el
plano nacional fueron creadas justo después de la segunda guerra mundial,
por los movimientos juveniles de educación popular, es decir, las mismas
organizaciones que 15 años mas tarde dieron origen a los animadores. Había
entonces necesidad de encargarse de los huérfanos (aquellos cuyos padres
fallecieron en los bombardeos o en los campos de concentración y
exterminación), los niños abandonados o escapados de sus casas, los
adolescentes de familias desintegradas porque sus padres fueron hechos
prisioneros, etc.
Fue
después de un período de experimentación fundado esencialmente por la
beneficencia, que un decreto reconoció este trabajo en 1958; en seguida , en
1972, el Estado precisa un número de modalidades de cooperación con el
Servicio Departamental de Ayuda Social para la Infancia: las asociaciones
privadas desarrollaron una misión de servicio público, instaurándose la
profesionalización del voluntariado, se precisaron modalidades de
financiamiento y se definió el control por las autoridades administrativas.
Los
objetivos son organizar, - en los lugares donde se manifiestan riesgos de
desadaptación social y una degradación de las relaciones sociales que
involucran a niños, adolescentes y jóvenes adultos -, acciones destinadas a
prevenir la marginalización y la delincuencia y a facilitar la inserción o
la promoción social de los jóvenes y las familias, a dinamizar el desarrollo
local, a favorecer las actividades de formación y promoción del uso de
tiempo libre, etc. (Todas estas iniciativas pueden generar la creación de
otras organizaciones autónomas en las cuales el club de prevención no es
responsable, sino que mantiene su carácter de organización asociada, entre
otras: esto es llamado “desinstitucionalización de las acciones”). Para
una intervención social y educativa y puesta en marcha de manera individual
y colectiva dentro de los propios territorios de vida, como los barrios,
grupos de jóvenes y otros espacios como zonas de vivienda.
Estos
objetivos son idénticos a los de otros profesionales del sector social y
educativo (socialización, autonomía de las personas y los grupos,
integración y refuerzo de identidades individuales y culturales, inserción
social y profesional, ...), pero la puesta en marcha es específica así como
la metodología de intervención basada en una práctica de campo, llamada “trabajo
de calle”, punto de partida de los acompañamientos sociales y
educativos. Este trabajo se realiza en asocio con otras instituciones del
campo de la vida organizativa, del deporte, la salud, la política de la
ciudad, etc.
La acción del educador de la
calle se caracteriza:
§
La libre
adhesión (libre de toda imposición) aplicando un enfoque de trabajo con
jóvenes, fundado sobre la aceptación mutua de la relación propuesta para
ayudarles a realizar su propia elección de vida.
§
El
respeto del anonimato: es decir, especialmente el respeto de la
confidencialidad de las informaciones escuchadas por los profesionales
(dentro de los límites previstos por el código penal) y la no obligación
para el joven de presentar su identidad.
No es
posible evaluar aquí este tipo de acción, no es este el propósito de mi
intervención: pero existen críticas bien fundadas sobre este tipo de
práctica profesional sin que por esto se deje de reconocer la importancia de
su existencia. Es un trabajo difícil en donde los resultados ni son
rápidos, ni aparecen fácilmente ante los ojos de los decisores, o no son
suficientemente impactantes. Sepan también que algunos animadores
participan en muchos clubes y equipos de prevención, trabajando con su
propia cultura profesional. Algunos profesionales obtienen un doble
diploma.
Este
rodeo nos lleva nuevamente a la animación y a la educación popular de las
cuales vamos ahora a trazar para Francia un resumen y unas perspectivas,
acabando así mi intervención.
Un
resumen contrastado
Los años
70 cambiaron el paisaje de la animación: después de los “30 gloriosos”,
años después de la guerra que fueron los del crecimiento especialmente
económico al parar aquella, hubo un repliegue de las clases medias en su
esfera privada, un vacío militante en torno a los equipamientos urbanos que
reducía sus acciones profesionales para convertirse en gestores de
servicios. La llegada de la izquierda al poder en 1981, después de 25 años
de ocupación del Estado por parte de la derecha, creó una suerte de
debilitamiento de la movilización del movimiento organizativo, el movimiento
sindical y el movimiento social en general. Habrá que esperar hasta 1995,
para ver nuevamente expresarse una fuerte protesta del liberalismo en una
huelga que duró cerca de un mes, con los obreros y empleados de los
ferrocarriles en primera línea.
Desde los
mismos años 80, los diferentes gobiernos han multiplicado los dispositivos
de acción territorial y de cooperación , asociando múltiples actores para
luchar contra el desempleo, la pobreza y precariedad, la delincuencia o la
exclusión, para el acceso a la vivienda, a la inserción social y profesional
de los jóvenes, para el desarrollo de la prevención o en el ámbito de la
política de la ciudad. Se liberó el financiamiento para la gestión y los
animadores tuvieron allí un importante rol para jugar y fueron mas capaces
de aprovechar estas oportunidades, mejor que otros trabajadores sociales.
Pero al mismo tiempo tanto en Colombia como en Francia, no podemos
ilusionarnos: este trabajo de animación social o cultural solamente tiene
efectos marginales.
Es
principalmente responsabilidad de los partidos políticos, de los dirigentes
y administradores, es decir de todos aquellos decisores públicos o privados
que pretenden querer y saber dirigir la sociedad. En Francia por ejemplo,
si hacemos cuenta de todos los dispositivos del trabajo de colaboración en
el ámbito de la inserción, llegamos a cerca de 60.000 ETP (Equivalentes de
Tiempo Completo). Esto significa muy poco y los trabajadores sociales
continúan a implicarse en el apoyo a personas con mayores dificultades:
aunque esto es una gota de agua en el mar, cuando se sabe que ¡al mismo
tiempo son declarados oficialmente como desempleadas 2`300.000 personas!
Este es el modelo de sociedad que es necesario cuestionar hoy y no solamente
planes de acción que hacen pensar en estas desgracias dantescas que bajaron
a los infiernos condenados sin fin a llenar un barril cuyo fondo está roto.
Este
período es también el de la transformación de la animación socio cultural en
animación profesional: lo que crea la unidad de todos los campos prácticos,
técnicos, públicos donde intervienen los animadores, es decir, el hecho de
que sean profesionales de la ANIMACIÓN. Es así que la convención colectiva
de animación sociocultural (que orienta las relaciones entre empleadores y
salariados del sector privado no lucrativo) se convirtió en la convención de
la animación profesional desde el 1 de Enero del 2000. Es claro que los
ejemplos de trabajo de campo no faltan, donde todos los parámetros aparecen
difusos (el social, el cultural, el educativo, el político, etc.) ya lo son
mas por efecto de nuestras representaciones de una realidad compleja
mientras intervienen juntos en situaciones de animación. Los animadores
tienen la costumbre de tener en cuenta el medio socio político de su
territorio inmediato, la concertación, la mediación, el trabajo en equipo y
el contexto general de la acción. Ellos pueden allí desarrollar su
capacidad de iniciativa, su inclinación por lo colectivo, su polivalencia y
su inteligencia estratégica (de Inter-ligere, saber leer entre las
líneas).
No sería
justo ocultar aquí que las fuentes de financiamiento de la acción social del
estado que los equipos de animación aprovecharon ampliamente, el espectro
del desarrollo de los servicios prestados cada vez mas especializados e
individualizados, ha tentado también a los actores de la animación.
Constatamos ya en el sector comercial el desarrollo del sector del ocio y
del tiempo libre, artístico o deportivo, hacia un “recreacionismo” a lo
anglosajón. Se trata de un modelo de animación lúdica que abandonó sus
finalidades educativas y que ofrece a diferentes públicos múltiples
aprendizajes técnicos para permitirles invertir en el viaje, el turismo, la
ecología, la informática, la videocomunicación, el bricolage, las
actividades corporales o la música. Los usuarios son una clientela, la de
las clases medias y los animadores se instrumentalizan.
Podemos
entonces decir que aceptando administrar los equipamientos, los empleadores
procedentes de la educación popular y los asalariados de la animación
permitieron la llegada de una forma de institucionalización de la animación,
en reemplazo de otras formas mas innovadoras y creativas. Como lo explicaba
el filósofo C. Castoriadis (1990) creando la institución, la humanidad se
creó a sí misma como humanidad, y los sociólogos M. Authier y R. Hess (1981)
nos explican que “lo instituible es siempre lo instituido reciclado”, porque
la institucionalización de lo social es inevitable y permanente,
“comprensión necesaria sin la cual no podría haber sociedad”. Es un proceso
social normal que nos obliga permanentemente a cuestionarnos sobre la
definición de ciudadanía en un contexto donde los procesos de
individualización (la sociedad de los individuos en búsqueda de su propia
autonomía) favorecen muy poco los desarrollos colectivos. Fue disuelta la
figura emblemática del militante siempre disponible a renunciar a su
singularidad con el fin de promover la causa de organización. Las redes
obreras se sorprendieron y los llamados a la participación venidos de la
Francia de “arriba” no pueden sobrepasar su estado de slogan. El saber y la
cultura ahora mas que nunca se convirtieron en mercaderías y son
cuestionadas las formas tradicionales de solidaridad. El contrato social y
el pacto de ciudadanía que sostenía a la sociedad francesa está estancado.
Aunque
los tiempos son inciertos los emprendimientos están siempre presentes solo
que mas pragmáticos y menos integrales y los conflictos sociales y políticos
de estos últimos años, se multiplican, tanto en Francia como en otros
lugares: no he visto prácticamente durante mi estadía de 5 meses en América
Latina, el año pasado, un solo día sin huelga o manifestación por la defensa
de los servicios públicos, la preservación del medio ambiente, contra el
desempleo, la inflación, los fondos de pensión o las jubilaciones que se
diluyen como nieve bajo el sol, etc. Queda entonces poner en el centro de
la reflexión y de la acción la pregunta por la difícil articulación de lo
global y lo local, del proyecto y de la realidad, de la cultura y lo social,
de lo próximo y lo lejano, de la figura del militante y la del profesional.
Mientras
que en el siglo XVIII, ser racional significaba que en el hombre la pasión y
la razón no se excluían, hoy la racionalidad es instrumental y tiende a
preguntarse únicamente por los medios y la forma y no por los valores y el
propósito. La función operacional del capitalismo liberal sobre el
pensamiento del sujeto tiende a menospreciar el imaginario social y el
proyecto de lograr otro tipo de sociedad. Un colega español nos recuerda
juiciosamente “que la ONU … a través de su Informe sobre el Desarrollo
Humano de 1993 (PNUD) concluye que tan soló un 10% de la población mundial
influye en las decisiones que afectan a su vida ” (Victor J. Ventosa
2002)”. Es en este sentido que podemos decir que el capitalismo violenta a
la democracia.
¿Qué
perspectivas para cuáles apuestas?
Algunos
tal vez nostálgicos del período donde las ideologías eran demarcantes y
constituían referencias o puntos de referencia reconocidos como salvadores,
tenderían a botar el bebé con el agua del baño como se dice a veces
familiarmente: el filósofo belga L. Cartón, propone considerar que “el
campo institucional de la educación popular domina un conjunto de práctica –
de trabajo social, animación cultural, formación permanente o difusión
artística –, legítimas y eficaces, pero ampliamente desconectadas de la
exigencia de educación popular, alejadas de su origen, ausentes del trabajo
de los grupos sobre ellos mismos y privadas de la deliberación en el espacio
público” (1999).
Pasa
igual con uno de los responsables de la Federación Francesa de las Casas
Juveniles y de la Cultura, quien escribe que la educación popular no debe
confundirse con la animación, “crítica... conducente a una ruptura con la
animación sociocultural”: la educación popular consistiría entonces, a
“construir con las clases populares, dentro de su diversidad la percepción
clara y reconocida de sus culturas en todas sus dimensiones . Es igualmente
necesario elaborar y poner en marcha los procedimientos que develan los
procesos de dominación cultural en su relación con la dominación social”
(C. Maurel, 2003).
Esta
opinión me parece apresurada: en el marco del Forum Social Local de
Bordeaux que tuvo lugar después del de Porto Alegre y antes del Foro Social
Europeo que se realizará en la parisiense en noviembre de 2003, me encontré
en diversos talleres una quincena de animadores, pero ningún responsable de
las 17 Federaciones de Educación Popular que se agrupan en el Comité de la
Región de Aquitania. Es cierto que en el plano nacional muchos de los
funcionarios de estas federaciones están adscritos al ministerio de
Educación Nacional y puestos a disposición de estas mismas federaciones y
ahora sin el mercado casi monopolizado de las formaciones de animación que
obtuvieron desde hace mas de 40 años por parte del Ministerio de la Juventud
y los Deportes, esto nos da una imagen menos ilusoria de su real vitalidad
militante. Sin una dolorosa renuncia al sostenimiento financiero de parte
del Estado que las instrumentalizó ampliamente, creo que las estas
federaciones tradicionales no pueden reencontrar un pensamiento y una
práctica que relieve la voluntad de transformación social.
En mis
diferentes trabajos desde hace 20 años hasta ahora, he demostrado que el
animador profesional se encuentra situado en una compleja imbricación y un
entrecruce de diferentes legitimidades (retomado las clasificaciones
propuestas por L. Boltanski y L. Thèvenot, 1991): la del animador militante,
que compete a la “ciudad inspirada” , es decir valores
trascendentales; la del animador técnico, que compete a la “ciudad
industrial”, es decir la de cualidades de experticia y eficacia; y
la del animador, que compete a la “ciudad cívica”, es decir la
de la lucha contra la crisis del vínculo social (el rompimiento de la
alianza como lo explica el sociólogo belga M. Bolle de Bal) y para el
interés general, participando así de una regulación permanente de las
relaciones sociales democráticas.
Es la
razón por la que el animador debe aprender a acercarse, a implicarse, a
ocupar un rol pertinente, convertirse en un estratega inteligente en el
sentido en que es capaz de reunir, calcular, organizar, realizar un sabia
mezcla de combinaciones y ejercer el arte de actuar sobre el terreno. Un
profesional de la animación debe abordar su territorio como un espacio donde
se confrontan los actores, donde las lógicas de acción se expresan en una
red de contradicciones y de recursos, en un campo atravesado por múltiples
apuestas que obligan sin cesar a modificar su posición dentro de esta
triangulación constituida por las figuras del animador militante, el
animador técnico y el animador mediador. En este juego democrático del cual
participan los animadores, en este ambiente de cambio que significa la base
de la visión democrática, la animación (y esbozo aquí un intento de
definición) puede afirmar un rol positivo considerándose como una pedagogía
donde se puede experimentar el reconocimiento del otro, la posibilidad para
cada quien, si lo desea, de ejercer o no el poder, y una capacidad de
transformación de la realidad, participando siempre en la formulación de la
ley democrática y de las prohibiciones que de allí salen para hacer frente a
las turbulencias del desorden, la locura y la desmesura. Movilizada por el
cambio de las instituciones la animación dentro de una finalidad educativa
que le es propia, busca hacer que cada quien comprenda las situaciones que
vive y pueda reaccionar contra los rechazos inadmisibles que padece y
reaccionar para afirmar su lugar en el vínculo social y colectivo, y también
el carácter irreductible de su singularidad.
Conclusión
La función educativa está hoy
cuestionada en nuestras sociedades debido a un cierto número de evoluciones
y de presiones observables: la ley está sometida, mas que antes, a la
opinión pública, a la evolución de las costumbres, al individuo
contemporáneo ávido de su autonomía, al mercado que desestabiliza los
equilibrios y las instituciones con sus valores educativos y las prácticas
que de allí se desprenden.
Al mismo tiempo hay una
incertidumbre en la misma sociedad sobre su futuro. Mi opinión es que es
imposible de transmitir un mensaje, una idea, una reflexión, un análisis sin
una fuerte convicción. No hay convicción mas fuerte que la imaginación de
una mañana y de utopías a reinventar.
La animación puede participa del
desarrollo de la producción con la inclusión de los individuos, movilizando
sus afectos, sus deseos, promoviendo sus actuaciones y solicitándoles la
existencia de la sociedad a través de sus deseos y probando su utilidad
sabiendo que ella, la sociedad, no parece hoy una evidencia y que no sabemos
la forma que le queramos dar. Filosóficamente es en definitiva su única
razón de ser. La animación puede, modestamente preservar su proyecto, por
lo menos para sobrevivir. Como lo muestra P. Bourdieu (1996), podemos decir
que el proyecto de la animación permite “fundar una utopía realista, tan
alejada del voluntariado irresponsable como de una resignación al orden
establecido”.
La animación es un lugar de
experimentación cultural preocupada por las contingencias de la historia
real y de las necesidades de la coyuntura. El animador se convierte en una
persona de acción, una estratega, una persona de la praxis, sin ilusión
sobre el mundo, es decir lúcida, pero preservando la esperanza.
Conferencia realizada en Medellín
- Colombia
23 de Julio de 2003
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La Universidad Popular de Valencia fundada por Blasco Ibañez en 1903 y
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Pública, y es preciso que no olvidar las colonias de vacaciones.
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